La humildad de Chris Froome viene de serie

Tuvalum

Ver a Froome trabajando para Carapaz le engrandece

Entre las imágenes que nos deja la segunda semana de la Vuelta, Chris Froome se ha llevado el foco.

Richard Carapaz, gane o no la Vuelta, podrá decir que a él un tío que ha ganado siete grandes, entre ellas sendas Vueltas, le ha estado ayudando.

Mejor o peor, ta sabemos que este Froome no es el corredor top que viene siendo desde hace años, pero ayudando, poniendo su granito de arena a una causa, la última, que defiende para el equipo que le ha visto crecer, explorar y dominar en el ciclismo.

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Hay muchas formas de irse de un equipo y Chris Froome ha elegido la baza que le ha caracterizado desde siempre: la elegancia, siempre bien, siempre contribuyendo y sumando en un colectivo del que él ha sacado un gran provecho.

Chris Froome contribuye en lo que puede o las piernas le dan, no recordaremos cómo se han ido otros de sus respectivos…

En todo caso, ahí le vemos, tirando del carro en ciertas jornadas tenidas por intrascendentes en las que Ineos y Caparaz le necesitan, y lo hace punto.

Como no se cansa de repetir Contador, Froome fue su gran rival junto a Andy Schleck, y por ello le llama tanto la atención verle en lides de gregario cuando otros ni soñarían hacerlo.

Se pregunta si Nairo, Porte o el mismo Valverde harían lo mismo, cuando la realidad nos demuestra que hablamos de mundos paralelos.

A Chris Froome no se le han caído los anillos, por que el fondo pasan dos cosas: él ha visto cómo corredores del calibre de Porte, Landa o Poels se han vaciado por él, por estar estipulado en el contrato, pudiendo incluso liderar equipos rivales, y por otro lado él viene de ser un ciclista de equipo, en Barloworld y sabe de la necesidad que un líder tenga un personaje de su envergadura ayudando.

Es obvio que no será la mejor rueda para Carapaz, que su estado de forma no le dé para romper a los Jumbo, pero Froome está y se le agradece, igual que la humildad que le ha venido de serie, desde el inicio, sabiendo que esto es un «hoy por ti mañana por mi».

Imagen: FB de La Vuelta

 

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-escrito el 20 de octubre- 

Han pasado 16 meses y cada vez es más probable que Froome no recupere su mejor versión

Esta misma mañana admitíamos que la Vuelta de Chris Froome iba a resultar una prueba muy dura, sin embargo nunca imaginamos que esta salida a balón parado de Irún hacia Arrate fuera a desnudar lo mucho que le queda a Chris Froome para ser el que era, si es que en su fuero interno cree que eso sigue siendo posible.

Aquí no venimos a cargar, por eso, las tintas con un corredor que es un campeón de leyenda.

En la horquilla delantera de tu bicicleta se distinguen cuatro rayas amarillas, dos rojas y otra rosa, son en definitiva las muescas de lo que es y ha conseguido Chris Froome en el ciclismo, siete grandes como siete soles, entre las que destacan los cuatro Tours de Francia que ahora mismo, y me da que va a ser así en el futuro, le distinguen como un ciclista único, entre los que ganaron cinco y los que vienen por detrás con tres.

Durante los años más pesados del dominio del Team Sky con Froome al frente en el Tour, defendimos que las victorias del inglés a veces carecían del brillo que nos gustaría por la aplastante superioridad de su equipo, controlando y hasta bloqueando la carrera a su antojo, con gregarios que andaban como líderes y ritmos que hacían desistir de cualquier intento.

Lamentamos que rara vez tenía que defenderse solo.

Eso a Froome le valió criticas, muchas veces además, sin embargo ser el capo de tal engranaje implicaba un trabajo y sacrificio que sólo él sería capaz de explicar.

Una meticulosidad que creímos suficiente para acercarse la mejor versión de Froome después del gran tortazo que se dio en el entreno de aquella crono del Dauphiné.

Pero no, las dudas que entonces también surgían, la avería era gorda, se convirtieron en temores en agosto y una evidencia en el arranque de la Vuelta a España.

Chris Froome no va, sencillamente no camina, se descuelga cuando quedan muchos en el grupo y en los descensos húmedos hacia Eibar iba cuadrado, con un miedo casi irracional a volverse a caer.

Podemos echar mano de la gravedad de las heridas, del tremendo trabajo que implica la recuperación, de todo eso, pero es que han pasado 16 meses ya y Froome no camina.

Pensar en disputar una etapa parece un quimera, cuando si más el Tour u otra grande.

Froome no funciona y no dudamos que ha hecho todo lo que está en su mano, pero el tiempo pasa y la mejoría no llega.

En la primera etapa de la Vuelta, su equipo ni siquiera le ha esperado, y no debía, todo hay que decirlo, por que si tienes un ciclista como Richard Carapaz que me parece llega muy en forma a la carrera hay que ir por faena.

Por que esto es el ciclismo y la vida, que no esperan ni entienden de galones.

Es admirable que un tipo que ha ganado tanto y tan bueno siga trabajando para ser el que era, o aproximarse, pero la realidad es tozuda y con Froome se ha cruzado en el momento que quiso entrar a comer en la mesa de los más grandes.

Sólo espero una cosa, que la Vuelta le resulte, que crezca en forma y coja la moral para no desistir, que alcanzar su mejor versión quizá sea improbable, pero sí el perfil de un ciclista de leyenda que quiere, al menos, dejar lo mejor de sí hasta el mismo día que decida colgar la bicicleta.

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