Mi 4 + 1 para el Tour de Francia

Indurain, Lemond, Contador, Evans y Bernal en nuestro 5 para el Tour

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Esta tarde de julio, con el calor avanzando, y las vacaciones acercándose tendríamos el paseo final del Tour de Francia, una ceremonia mil veces vista, sólo rota una vez, aquella que Lemond remontó a Fignon, de ida y vuelta por los Campos Elíseos, Arco del Trinfo arriba, la Defensa más allá, al otro lado la Concorde, antes de circundar el Louvre y tomar la vuelta por la arcada de la Rue Rivoli.

Una cita que este veinte-veinte nos ha privado, al menos en julio, veremos si entrados en septiembre podremos verla.

Una ceremonia cuyo recuero nos trae a la memoria los mejores «hombres Tour» que hemos visto en los más de treinta años que llevamos llenando nuestro julio de Tour, ciclismo y todo lo que más allá de los Pirineos sucede.

 

Una historia que queremos resumir en cuatro nombres, cuatro más uno, en la historia que tenemos fresca de la mejor carrera del planeta, en las tres semanas en las que el ciclismo se mide en importancia a las grandes competiciones, sea de lo que sea.

Cuatro nombres que queremos empezar con lo mejor que hemos visto en treinta años largos de Tour de Francia, la aventura de los cinco leoncitos de Miguel Indurain en las estanterías de su casa.

Nunca vimos nada igual que Miguel Indurain en el Tour, nunca a ese nivel, sin casi altibajos, ni disonancias, en cinco años seguidos

Su dominio del Tour de Francia fue a tal extremo que pensar en algo más que sus cinco años de dominio es complicado.

Su ciclo fue perfecto, con cronos demoledoras que marcaron época, con ataques complicadísimos de resolver que sacaron los colores al pelotón, con jornadas que quedan para la retina, perennes.

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Pero antes que Miguel Indurain, hubo un americano que hizo del Tour un arte extraño, malabarista y casi perfecto

Greg Lemond tuvo la suerte de romper contra Indurain, no sé si habría llegado mucho más allá, de lo que no cabe duda es que su legado es el de un artista del Tour, un corredor que era capaz de enterrar la cabeza bajo tierra semanas y meses y aparecer, espléndido, a su cita en el julio francés.

Él acabo el reinado de Hinault y evitó que Fignon prolongara el suyo, sacó provecho de un equipo paupérrimo, como aquel  ADR, donde lo único potable era un tal, y entonces semidesconocido, Johan Museeuw, que le acompañó en segundo Tour.

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Entre los Tours que vimos, lo cierto es que la victoria de Alberto Contador, año 2009, fue lo más redondo que recordamos

Un Tour de esos de los antaño, con la montaña justa para cumplir, el peligro del viento, unas cronos potables y un ciclista que esa vez tocó el techo, con no muchos años, los justos para no aspirar al blanco de mejor joven.

En ese Tour Contador volaba en la montaña, ganaba cronos a Cancellara y corría al margen, y marginado, de su equipo, completamente solo, soñando improbables conspiraciones, vistiendo de esa épica que el madrileño gustaba, y gusta tanto, de usar en sus hazañas.

El cuarto, nos permitiréis, es una opción muy especial, Cadel Evans, uno de los ciclistas más limitados del palmarés reciente del Tour que hizo virtud de su aparente inferioridad en una edición que ganó porque creyó más que nadie, muy por encima de los Schleck, auténticos inoperantes sobre la pizarra, que salieron colorados de la edición que luce en la vitrina del primer australiano en ganar el Tour.

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Pero caben ambages, y el «bonus track» que nos pedimos es Egan Bernal, el ganador vigente que será el primero en la historia en defender título en septiembre, en medio de un corrido que se deshilacha, el Ineos, para que él pueda seguir con el reinado que justo empieza.

Egan Bernal es un corredor renacentista, que todo lo hace, y bien, que progresa y aprende, que quiere seguir la senda de los más grandes, donde la edad no es problema, en todo caso acicate para hacer del suyo un legado irremplazable.

Quedan fuera de esta pequeña y particular lista varios nombres

Entre ellos Chris Froome, un ciclista que incluso con cuatro Tours en ristre, con todo lo que cuelga de su bagaje, creemos que ha basado tanto su éxito en el equipo y su poder que a veces pensamos qué habría sido de él, si las luces rojas se hubieran encendido sin una rueda amiga.

Tampoco ponemos a Lance Armstrong, por motivos obvios, aunque, según que mañanas, consideremos la suya una cabeza de turco, ni Jan Ullrich, la clase alemana, eterna, como su media sonrisa sobre el esfuerzo extremo…

Son nuestro 4 + 1 de los que vimos, seguro que alguno recuerda otros más…

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1 Comentario

  1. Nunca olvidaré: «Induráin ganaba y dejaba ganar»


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