Michal Kwiatkowski y el ciclismo que yo entiendo

Tuvalum

Si el año ha tenido un ciclista que ha destacado por sus múltiples facetas y su sostenibilidad en el tiempo ha sido Michal Kwiatkowski. Ciclista omnipresente, espectacular, dado a los golpes de efecto, verdugo, no olvidemos de Peter Sagan, de hecho último ciclista campeón del mundo antes del triplete del eslovaco,…
Así definimos a Kwiatko y por eso lamentamos el sábado noche no haberle metido en las notas previas a mundial ensimismados como estábamos con la celeste belga.

A Michal Kwiatkowski no se le ha visto mucho por Bergen. Fue parte del sexteto de lujo del Team Sky en la crono por equipos y corrió por Polonia en la prueba de ruta, pues en la crono al final no tomó parte, no sé si asustado por lo que vio en la inscripción previa, pues faltaban muy pocos nombres de la nobleza de la disciplina.

Pues bien, Kwiatko escribió esto de los mundiales en su perfil de twitter:

Yo lo vi en RT que le dedicó nada menos que la UCI, que por cierto en su congreso de Bergen dejó de estar presidida por Cookson, y sí por un francés, con lo que ello conlleva en ese pulso latente entre lo anglosajón y lo latino por llevar la razón en este deporte.

El tweet de Kwiatko es excelente y transmite perfectamente lo que vimos en Bergen estos días, un escenario de ensueño, puerta a los Fiordos, un sitio por el que muchas personas están dispuestas a pagar no poco dinero por ver.

Bergen fue un catálogo de emociones y grandes momentos, que explican lo que entendemos nosotros por eldeporte, y más por uno como el ciclismo, itinerante y siempre en movimiento, y no es más que la comunión de atletas excepcionales que hacen cosas que los mortales ni imaginamos y nos muestran que pocas cosas son imposibles para ellos.

Es un ciclismo sin bandera, transversal, de ese que os gusta disfrutar protagonice quien lo protagonice. El domingo hubo un ganador, Peter Sagan, que sabe mucho de eso de despertar admiración y sentimientos por donde pasa. No importa que bandera abrace o qué idioma hable, es entrañable de por sí, como todo lo que de belga tiene el ciclismo… son sentimientos que van más allá de las malditas fronteras que tanto daño hacen y más dividen.

Es el idioma de lo extraordinario, y Kwiatko ahí lo plasma, y muy bien.

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