Miguel Indurain y las clásicas: ¿Un amor imposible?

Las clásicas se le podrían haber dado muy bien a Miguel Indurain

Puestos a realizar castillos de arena, en estos días en los que tenemos más tiempo y nos llenan la sobremesa larga con las gestas de Miguel Indurain, nos preguntamos por lo que habría sido del astro navarro si hubiera abierto el tiro también a las clásicas.

Y lo hacemos por lo que leemos en la última newsletter de Cuadernos del Ventoux

Pasó en Lieja. Una tarde de julio de 1995 Miguel Indurain sorprendió al mundo. No lo hizo en las montañas alpinas ni en las romas planicies francesas, sino en el paisaje ondulante de las Ardenas. Durante la séptima etapa de aquel Tour, hoy programada por Teledeporte (17:10), Indurain esbozó lo que pudo haber sido y jamás fue.

  • Un clasicómano. Indurain aprovechó aquel perfil quebrado para arrebatar 50″ a sus rivales en una escaramuza inédita. Es un hito de la memoria popular española porque se mostró al mundo como nunca antes: agresivo, punzante e imprevisible.
     
  • ¿Podría haber conquistado las carreras de un día? Más pistas: acumuló resultados en San Sebastián (1º), Lieja (4º) y Flecha Valona (4º, 7º) durante los años previos a su primer Tour (1989-1991). Tenía resistencia y cierta punta de velocidad.
     
  • La prueba del algodón, los Mundiales. Indurain siempre los compitió al máximo. Cosechó tres medallas cuando ya estaba centrado en GV. En una línea temporal paralela, quizá, quién sabe, hubiera engalanado un palmarés de por sí alucinante.

Con lo que nos comenta Andrés, lo cierto es que tenemos un certero cuadro del perfil de Miguel Indurain para las clásicas en concreto y las carreras de un día en general.

El navarro tenía en Lieja su carrera más adecuada, de hecho firmó un cuarto puesto en 1991.

Ese día Miguel Indurain se metió en un corte que provocó Claude Criquielion muy lejos de la meta, y en el que, como era costumbre por aquellas fechas, se impuso Moreno Argentin.

Nunca volvió Miguel Indurain a volar igual en un monumento

Descartados los del adoquín, tenían peligro e inadversión para Miguel y los suyos, a partes iguales, carreras como Amstel o Lieja podrían haber sido parte de su objetivo.

A su favor tenía:

  1. un físico tremendo para esos recorridos
  2. técnica y manejo de la bicicleta sublimes, como hemos visto mil veces en los momentos que se ponía serio
  3. estratega total, con visión de carrera y economía de esfuerzos sin igual
  4. buena punta de velocidad, mejor de la que muchas veces exhibió… aquel mundial en el que ganó al sprint a Ludwig y Museeuw

En contra, tuvo esa planificación para el Tour que se rebeló imbatible durante cinco años y que la primavera le sentaba como un tiro.

En comparación con otros grandes, a Indurain se le extrañan clásicas en el palmarés, pero todo, los tiempos, los rivales, las exigencias, nada tuvo que ver con el pasado.

Cada época fue diferente.

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