A Mikel Landa le atropelló un conductor drogado

El atropello de Mikel Landa recuerda que nadie está libre de esta lacra

 

A menos de veinticuatro horas de escribir esto, sabemos que el conductor que atropelló a Mikel Landa, se dio a la fuga porque dio positivo por drogas…

Leí a no sé quién que esto en un país ideal acabaría con este hijo de puta entre rejas.

No somos muy de insultar, pero la realidad es ésta, que el ciclista sale a la carretera lo hace en al intemperie y la lacra no respeta a nadie.

Ese cerdo drogado al volante ha jugado con la vida de una persona, y en este caso con su pan y oficio, con horas de trabajo ingente y sacrificio sobrehumano.

No le deseamos nada malo, pero si su paso por la trena no fuera efímero, al menos nos cabría el consuelo que la justicia ilumina la razón de quienes deben protegernos.

Ayer nos preguntamos por el cartel de «pupas» de Mikel Landa… 

Casualidad o no, hace un año, hoy mismo, primero de febrero, Mikel Landa dejaba la Challenge de Mallorca, en la misma carrera que gana su excompi Marc Soler, con una fractura de clavícula.

Tras un primer año gafado en Movistar, la caída del Tour, la de San Sebastián, le volvió a sonreír el gafe, como en el Giro de 2017, cuando en la base de Blockhaus se fue al suelo con Geraint y se borró de la general.

Luego vino la caída del Tour del año pasado, con el empujón de Barguil, antes incluso el cabreo con Simon Yates -el puto Yates que leo tantas veces- por otra caída y consiguiente corte el día que Richard Carapaz presentó su candidatura a ser rosa.

Hoy leemos que Mikel Landa ha sido arrollado por un coche mientras entrenaba. 

El amigo que conducía se dio a la fuga, hay que ser desgraciado.

Epic gran canaria

Un ciclista es la persona, sus circunstancias y los millones de intangibles que se alinean a favor y en contra en cada caso.

Para Mikel Landa ser ciclista es esto, una suma de factores que escapan a su mano, y que muchas veces le marcan en camino del asfalto.

Que justo un año después de la caída de Mallorca le sobrevenga este susto, es para pensar que le caído un mal de ojo.

 

Y mientras, por el camino, pasan los años con la incertidumbre de qué pasaría si Mikel Landa no fuera el «pupas» del pelotón, un tipo que besa el suelo con una facilidad que asusta para los objetivos a los que aspira.

Muchas veces hemos criticado a Mikel Landa por sus declaraciones, que no nos parecieron las acertadas, otras por la estrategia, pero esto escapa a toda lógica, y admitimos que nos gustará verlo el día que llegue a una grande limpio de polvo y paja, sin rasguño,  ni corte ni avería.

Creo que se lo merece.

Ahora bien, la historia que Mikel Landa cuenta sobre el atropello es de vergüenza en un país civilizado.

En todos los sitios corre gentuza, y aquí no estamos exentos, de lo que no cabe duda es que en la guerra de la carretera estamos todos, incluidos los pros que ponen su bonito trasero en ruta cada mañana.

Un desgraciado a volante no distingue y lo peor es que no repara en el daño que le hace a la persona y a quienes le esperan en casa.

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