Gilbert, monsieur Philippe

Dos o tres ciclistas en activo se pueden medir a la trayectoria de Philippe Gilbert

Philippe Gilbert vive la vida como una clásica.

Sale por ese paraje privilegiado, Montecarlo, Niza, Cannes, o se adentra en Italia, se deja ver por el palacio monegasco, cambio de guardia, turistas inquietos ante una historia singular.

El suyo es un terreno abrupto, en cuesta, violenta, repentina.

Como Euskadi, como el muraco que precedía la llegada a Bilbao, allí donde Tadeg Pogacar, el niño que lo está gozando, cruza el umbral bendecido por el maillot rojo de Primoz Roglic.

 

Entre Philippe Gilbert y Tadeg Pogacar hay casi una mayoría de edad.

Cuando el esloveno, sensación de la Vuelta, punta de lanza de esa generación que como la fruta de ciudad no respeta ni tiempo ni maduración, daba sus primeras pedaladas, Phlippe Gilbert ya ganaba.

Porque el belga es el sabor añejo de ese ciclismo que viene desde la década pasada, pasa seguir vigente en el ocaso de la presente.

Son las cosas  de un cuerpo privilegiado, de una mente ganadora, de una clase imperecedera.

Cuando hablábamos de la generación que no respeta edades ni manuales mirábamos a Philippe Gilbert.

La clase la tiene, la categoría, el físico, pero ¿el don de la longevidad?

Eso se lo puede explicar Philippe Gilbert.

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Eso es algo que no se entrena, te viene, te llega, encontrar la motivación en la adversidad, en los malos momentos.

Tener el hambre de jugarse una etapa en la Vuelta, una carrera en la que ya tiene triunfos.

Ese mismo mismo hambre que demostró en aquella curva que se fue terraplén abajo en el Tour, volviendo a la ruta y completando la etapa con fracturas.

El mismo apetito que demostró con el cabreo de no ir al Tour.

 

 

Philippe Gilbert es un ciclista de época, que deja huella, dentro y fuera de la carretera, en fiestas, en reuniones, por donde se deje ver.

¿Qué ciclistas atesoran el palmarés de quilates de Philippe Gilbert?

Ciclistas en activo digo, ciclistas tipo Vincenzo Nibali, Alejandro Valverde y Chris Froome, y con matices.

Por que los registros de Philippe Gilbert caminan por muchos terrenos, para resumirlo, sólo le falta San Remo si quiere entrar en un club, qué club, el de los cinco monumentos, sólo integrado por tres, todos belgas, como él.

Desde Rik Van Looy a Roger de Vlaeminck, pasando por Eddy Merckx.

Escarpias como pelos.

Ahí camina, entre esos se codea Philippe Gilbert, señoras y señores, un privilegio hecho ciclista y eso que, como gusta decir ahora, se fumó un ciclo entero, el de su estadía en el BMC, equipo en el que estaría muy bien acomodado, pero donde perdió el olfato que un día tuvo y que fue asesino.

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Un año aquel que defendió los colores del Lotto, a donde vuelve nueve primaveras después.

En 2020 estará en el equipo belga por esencia.

Fernando Barceló y Alex Aramburu, a quienes vemos recorrido en la profesión, podrán decirlo muy algo, se jugaron los cuartos con Gilbert, monsieur Philippe.

Imagen: ©Justin Setterfield/ Getty Images

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