Sven Nys Cycling Center, el legado del gran campeón

Los recovecos y secretos del ciclocross quedaron al descubierto en nuestra visita al Sven Nys Cycling Center

Si el ciclocross en Bélgica es una religión, podríamos decir que Sven Nys es su profeta en la tierra y ese centro ciclista, el Sven Nys Cycling Center, entre Tremelo y Baal, la ciudad del «caníbal» de barro, su catedral, bueno, una de sus catedrales, que cada uno ubica los símbolos donde le place.

Estamos cerca de Lovaina, la joya universitaria de Flandes, y hemos esperado unos días para hablaros del lugar, queríamos coincidir con el primero de enero, el día que este lugar se llena a los topes para liturgia de año nuevo, la liturgia del Gran Premio Sven Nys.

Alrededor del museo, un circuito perenne marca el itinerario de cada gran premio.

Es el día que se recuerda al gran campeón.

El Sven Nys Cycling Center es la materialización del legado de uno de los mejores de la historia, el sitio donde el ciclocross tiene su santuario, una cajita que contiene la esencia de una creencia popular más que un deporte, el fiel retrato de esta pasión que no entiende de colores.

«Me gusta el ciclocross por que es la fiesta del pueblo, porque no está todavía corrompido por el dinero» nos cuenta nuestro chófer.

«Ahí -añade Sarah, nuestra anfitriona- se ponen las taquillas para que el público entre».

Señala lejos, a la entrada de la carretera de la línea de meta, junto a unas casitas.

«¿Pero cuánto se paga?» preguntamos.

«Unos veinte euros. ¿Cuánto se paga por ver ciclocross en España?» contesta.

«Nada»

No cabe más conversación, sus ojos hablan por ella.

El recorrido de cada primer día de cada año es de poco menos de dos kilómetros, es la única zona que tiene desniveles en todo el lugar.

El circuito está marcado de fijo para la gente del lugar, que practique, que juegue un poco a pros: sólo un puente, de los dos del recorrido, está fijo, el otro es para la carrera.

El sitio tiene además para practicar BMX y trial y forma parte de una ruta de unos 93 kilómetros que recorre la comarca, pasando entre otros lares por Meensel-Kezegem, donde nació un tal Eddy Merckx.

El Sven Nys Cycling Center no es muy grande, ha recibido unas veinte mil personas desde 2016, en su azotea tiene un restaurante con el menú del día, contundentes platos flamencos que en los días de frío plomizo levantan el espíritu.

Pero debajo, está el tesoro, la receta del éxito del ciclocross en estas tierras, una mezcla de nostalgia y presente, un recorrido por las perlas de la modalidad, los reyes de la misma, el camino hasta Sven Nys.

Y sabemos de Roland Liboton, pionero, de Erwin Vervecken, el especialista en mundiales, Niels Albert, el campeón lesionado…

Pero sobre todo entraremos en este universo de la mano de Sven Nys y sabremos de un arte que no se enseña, no creo que se aprenda, es un arte que habla de trazar, de hacer vibrar, de mover corazones y emocionar espíritus.

Dice Haussler que él pensaba que tenía técnica hasta que corrió contra estos.

Rodando tras Nys, en el simulador, viendo su afilada figura, oscura, cual cuchillo en la mantequilla, apreciando ese trazo, esa forma de sacar centésimas en una curva, otras tantas en la siguiente, un segundo en los tablones -nadie saltó tan alto como Tom Meeusen- y Sven Nys se ha ido, se te ha escapado.

Y no hay solución, como en las 291 victorias que el «caníbal de Baal» se llevó por delante, sublimando una modalidad, el ciclocross que si tiene una capilla es el Sven Nys Cycling Center.

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