Vuelta: Contador, Froome y el frágil equilibrio

Tuvalum

Hay algo bonito de esta Vuelta, lo dijimos ya: cada día pasa algo, en forma y proceso diferentes, pero algo ocurre, y eso es algo complicado de ver en este ciclismo. En resumidas cuentas: Contador, otrora el pupas, puso pies en polvorosa y Froome, el Froome torpe que hacía tiempo no veíamos, se fue al suelo dos veces,… a partir de ahí la locura, un final de etapa de esos de escorzo y sudor frío.

¿La guinda? Tomasz Marczynski, el polaco granadino que habla castellano a las mil maravillas que está solventando él solo en la Vuelta la regular temporada que está realizando el Lotto.

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Pero no nos atropellemos, por orden. La jornada otra vez tuvo dos carreras. La de los escapados con una fuga de calidad y abultada con elementos como Clement, Arroyo, Fraile, el mentado ganador y José Joaquin Rojas, quien cabalga con tantas ganas para ganar como incapacidad para el remate. ¿Quién lo habría dicho? El murciano puede acabar una Vuelta como el mejor de su equipo. Lo dijimos en Cuenca, merece suerte, pero no acierta.

¿Dónde perdió el olfato? Él sabrá.

Porque el acierto y el olfato en la Vuelta son polacos con acento granadino. Dos etapas y ésta con una exhibición en un terreno pestoso, de esos que no se marcan en rojo al iniciar la carrera pero que cuando toca abordarlos, necesitas mucha suerte y calma para salir vivo.

Que se lo digan a Chris Froome…

Hace unos días, cuando valorábamos las claras opciones del inglés de ganar la Vuelta, dijimos que había un factor que le podía quitar el sueño al inglés, el factor Contador. Sé que en apariencia el ataque de Contador por la Axarquía tuvo algo de atrezzo y querencia por las cámaras, pero ocurre que cuando atacas tanto como el madrileño, crecen las opciones de pillar en un renuncio a tus rivales. Y hoy ocurrió.

Tras lo de Andorra, donde rozó el desastre, Contador planteó la carrera en clave de remontada épica, sobre todo cuando Castellón vio que lo de principado respondió a un mal día. Y en esas está. Sabedor de que en el mano a mano para arriba Froome le gana bien, e incluso hasta Nibali le puede, lo intenta en terrenos inciertos y lanzando a gente por delante.

Hubo un momento clave que pareció que no iba a ningún lado, cuando cabalgaba con Roche, pero de repente la cuerda se rompió, Poels y Nieve lo tenían ahí pero no cerraban y vino la bajada, y vino el desastre.

Es increíble lo cabrón que puede ser este deporte, que te da doce etapas de alegrías y en un par de virajes todo se puede ir al traste. Froome dos veces al suelo y todo se revolucionó para dar una etapa, otra en esta Vuelta, en la que hay algo que contar.

Froome está advertido, la Vuelta es como ese objeto de deseo que se le resiste y parece que así será hasta que no cruce de rojo Madrid y sume otra grande a su proceloso palmarés. Froome no puede dormir tranquilo, ni los que tiene detrás con Contador, encendido entre la emoción de la retirada, la posibilidad de podio y el clamor de las masas. Después ya no habrá vuelta de hoja.

Imagen tomada de Trek-Segafredo

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